viernes, 28 de febrero de 2014

El año de la muerte de Ricardo Reis

"La palabra le fue dada al hombre para disfrazar el pensamiento"
(José Saramago, El año de la muerte de Ricardo Reis)

Fernando Pessoa, quien durante su vida fue periodista, es el hombre de los mil y un heteronimias, en realidad sólo conocemos 72, no escribía bajo pseudonimos, sino creaba personajes, cada uno con una personalidad bien definida, una vida y diferente al resto. Uno de los tantos heterónimos que adoptó fue Ricardo Reis, siendo este el protagonista de la novela El año de la muerte de Ricardo Reis.

Saramago parte del destierro voluntario que había realizado Ricardo Reis a Brasil, para con ello narrar su regreso a Portugal, construyendo una historia donde la creación, en este caso Reis, sobrevive al creador: Pessoa.

La historia no se reduce a los encuentros entre Pessoa y Reis, sirve también para conocer a la Lisboa de inicios del siglo pasado, una melancólica y nostálgica ciudad donde la tristeza se funde con el agua de lluvia que parece que nunca se detiene. Entre este espacio Ricardo irá conociendo el amor de la mano de Lidia, empleada del hotel y más tarde de Marcenda, pero también servirá para reflexionar la vida y los abusos del poder, puesto que los eventos ocurren en una ciudad donde el autoritarismo se ha apropiado del espacio público y sus secuelas se observan en las calles donde la pobreza acompañada de miseria deambulan sin el menor recato.

El año de la muerte de Ricardo Reis es un homenaje de Saramago hacia Pessoa, son múltiples las referencias que el autor retoma, varios diálogos no son más que adaptaciones de poemas que Fernando durante su vida escribió, de tal forma que se va recreando una sólida historia donde la soledad y el tiempo se van diluyendo en la muerte.

sábado, 22 de febrero de 2014

XIX

"...No hay fuego ni frío que pueda desafiar a lo que un hombre guarda entre los fantasmas de su corazón."

[F. Scott Fitzgerald, "El Gran Gatsby"]

viernes, 21 de febrero de 2014

La piel del cielo

"-No hay mayor tragedia en la vida, Lorenzo, que convertirse en paladín de la justicia y creérselo-"  (Elena Poniatowska, "La piel del cielo")

La piel de cielo es la historia de un hombre en la búsqueda de conocimiento: Lorenzo no sólo ama la ciencia, sino también tiene aptitudes para esta, demostrando tales desde el primer capítulo.

Pero Lorenzo no solo se reduce a una persona con interés por la ciencia, es también un inconforme con la sociedad y por la forma en que esta establecida, un rebelde sin más, que andará sin rumbo fijo cayendo en cuenta una y otra vez de la misera condición de la sociedad en la que nació.

Y es en su afán de respuestas lo hará encontrarse con Luis Enrique Erro, quien lo ayudará a descubrir su amor por las estrellas y la astronomía. Pero es este amor y fascinación por el cielo la que al mismo tiempo lo volverá un ser ajeno a lo humano, quien apenas percibe belleza en la condición humana, pero por fortuna cambiará.

De esta forma Poniatowska logra mostrar la faceta humana de un científico, no cayendo en el estereotipo de seres fríos, insensibles y solo interesados en lo que pasa en su laboratorio sino como todo ser humano con sus preocupaciones pero también pasiones.

viernes, 14 de febrero de 2014

Una carta de Richard Feynman a su esposa Arline

Para Mark Twain no había nada más franco, libre y privado que una carta de amor, y aunque la historia de la humanidad es infima, ejemplos de amor nos sobran, siendo uno de ellos Richard Feynman, un apasionado físico y genio que bien pudo estar a la altura de Einstein.

Feynman estuvo casado con Arline Feynman, a quien conoció en la secundaria y con quien se caso cuando estaba en el Instituto Tecnológico de California (Caltech); Arline por desgracia falleció en junio de 1945 cuando apenas tenía 25 años debido a la tubercolosis, Richard no pudo acompañarla completamente en sus últimos días debido a que trabajaba en el Proyecto Manhattan.

Meses más tarde Richard escribió esta carta, que una vez terminada guardo en un sobre y no volvió a abrirse hasta su muerte sucedida en 1988.

17 de octubre de 1946
Querida Arline:
Te adoro, cariño mío. Se cuánto te gusta oir esto pero no lo escribo únicamente porque te guste. Lo escribo porque me invade una sensación cálida por dentro cada vez que lo hago. Ha pasado tanto tiempo desde la última vez que te escribí — ya casi dos años pero sé que me perdonarás porque entiendes cómo soy, cabezota y realista; y pensé que escribirte no tenía sentido. Pero ahora sé, mi querida esposa, que es correcto que haga esto que tanto he pospuesto y que tanto hice en el pasado.

Quiero decirte que te quiero. Siempre te querré. Se me hace difícil entender en mi mente lo que significa amarte aún muerta — pero sigo queriendo cuidarte y reconfortarte — y quiero que tú me ames y me cuides. Quiero tener problemas para discutirlos contigo — quiero que hagamos pequeños proyectos juntos. Hasta ahora jamás pensé que podíamos hacerlo. Que deberíamos hacerlo. Empezamos a aprender a confeccionar ropa juntos — o a aprender chino — o conseguir un proyector de cine. ¿No puedo hacer algo yo ahora?  No. Estoy solo sin ti y tú eras la "mujer de las ideas" y la instigadora general de todas nuestras aventuras salvajes.

Cuando estabas enferma te preocupaba no poder darme lo que querías y pensabas que yo necesitaba. No tenías necesidad de haberte preocupado. Te lo dije, que no había ninguna necesidad porque te amaba tanto y de tantas formas distintas. Y ahora eso aún lo veo más claro — ya no puedes darme nada y sin embargo te amo tanto que eso me impide amar a nadie más — y quiero que sigas ahí, impidiéndomelo. Tú, muerta, eres muchísimo mejor que ninguna otra viva. Sé que me dirías que me estoy comportando como un tonto y que quieres que sea completamente feliz y no quieres cruzarte en mi camino. Estoy seguro de que te sorprende que ni siquiera tenga una novia (además de ti, cariño) habiendo pasado ya dos años. Pero no puedes evitarlo, amor, ni tampoco yo puedo — no lo entiendo porque he conocido muchas chicas muy agradables y no quiero seguir solo — pero tras dos o tres citas todas parecen ceniza. Sólo me quedas tú. Tú eres real. Mi amada esposa, yo te adoro. Amo a mi mujer. Mi mujer está muerta.

Rich.

P.D.: Por favor, disculpa que no eche esta carta al correo — pero no conozco tu nueva dirección.


No hace falta agregar más, Feynman no sólo fue una de las personas más apasionadas por la ciencia como lo demuestran las cientos de entrevistas y trabajos que dejo a lo largo de su vida, fue también un gran ser humano convencido de que el amor existe como una fuerza creadora que muestra lo mejor de cada persona.


Físico prodigioso, divulgador de ciencia, excelente dibujante, músico y sobre todo un noble hombre que mostró que en ocasiones lo excepcional puede surgir en cualquier parte del mundo.


Referencia:

sábado, 8 de febrero de 2014

La ley de Herodes

"...Estaba tan resignada a pasar miserias a mi lado, que hasta yo empecé a creer que acabaríamos casándonos..."  
Jorge Ibargüengoitia, "La ley de Herodes"

Jorge Ibargüengoitia sólo escribió un libro de cuentos y es La ley de Herodes su nombre. A través de este libro recoge una serie de once cuentos donde un fondo de ficción se mezcla con guiños autobiográficos.

Sin piedad o como mera venganza las palabras van destilando sátira, sarcasmo e ironía a partes iguales que sirven para reflejar la frustración o desasosiego que vivió Ibargüengoitia y que no es ajena a la de cualquier otro ser humano, que bien puede identificarse con las vivencias aquí narradas.

A la vez es también La ley de Herodes una forma de leer a la Ciudad de México, sirve para entender el oficio de escritor, la bebida, las mujeres, las deudas, el arte, la pobreza, los extranjeros, la política, la corrupción y fraudes todos vividos y retratados por el autor mediante situaciones de la vida cotidiana en esta gran urbe.

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