jueves, 14 de noviembre de 2013

Nuevos reportes de ecología urbana revelan una sorprendente tendencia de la vida silvestre que se adapta al paisaje urbano

Coyotes urbanos. Créditos: Dru Bloomfield/Flickr.

Las ciudades se ven a menudo como páramos ambientales, donde sólo los más fuertes de cada especie puede ganarse su existencia. Pero a medida que los científicos obtienes datos en el incipiente campo de la ecología urbana, se descubre como las especies nativas de animales salvajes se están adaptando a la vida en las calles.

Para ello consideré la ciudad más grande de Estados Unidos. Hasta hace unas décadas, Nueva York carecía de venados cola blanca, coyotes y pavos salvajes, los cuales ahora vuelven a la ciudad. De la misma forma han regresado focas de puerto, garzas, halcones peregrinos y águilas pescadoras. Más sorprendente, apareció un castor por primera vez en dos siglos y nutrias que han vuelto a los ríos suponen un éxito similar.

¿Es acaso una anomalía? Los expertos hablan de que la adaptación de la vida silvestre en zonas urbanas ha aumentado en todo el mundo, en gran parte debido a que las ciudades se están volviendo más ecológicas, gracias al control de la contaminación y un énfasis en los espacios urbanos verdes.

En América del Norte, el fenómeno que mejor lo ejemplifica es el coyote que comenzó a colonizar las ciudades desde hace 15 a 20 años.Un estudio proveniente de la zona de Chicago mostró como los cachorros urbanos tienen tasas de supervivencia cinco veces más altos que sus homologos de zonas rurales. Tal es así que han aprendido patrones de tráfico, inclusive el funcionamiento de los semáforos pudiendo sobrevivir incluso en las zonas urbanas más densas de las ciudades.

A su vez otros estudios han encontrado como desde halcones hasta zarigüeyas logran los beneficios de la vida urbana. Poco a poco las áreas urbanas se han vuelto ecosistemas tan diversos como el Serengeti o el interior de Australia.

Referencia:
Jesse Greenspan,"Coyotes in the Crosswalks? Fuggedaboutit!", ReadCube.

viernes, 1 de noviembre de 2013

Día de muertos purépecha

Janitzio. Créditos: Loelle/Flickr. 
Uno de los lugares que goza de mayor reconocimiento en cuanto a la celebración del "Día de muertos" es la región del lago de Pátzcuaro en Michoacán, en especial la isla de Janitzio. Los habitantes, de origen purépecha o tarasco realizan uno de las celebraciones más tradicionales y reconocidas en el país.

Para el pueblo purépecha existen Dioses del Norte y del Sur. Los del Norte son los primógenitos, a los que se les ofrecen ofrendas. A su vez el Universo se divide en tres partes: el Cielo, la Tierra y el Mundo de los Muertos llamado Pátzcuaro (Lugar donde se tiñe de negro). Conciben el mundo de los muertos como un lugar de tranquilidad, donde predomina tal color, dividido en cinco regiones, cada uno con sus respectivos Dioses.

De esta forma los tarascos consideran a Pátzcuaro, como la entrada al Mundo de los Muertos. En está habita Curicaueri, Dios principal, del fuego y guardián del Paraíso. Su adoración dio origen a una multitud de celebraciones, muchas de las cuales han subsistido hasta hoy.

Dentro de ellas destaca la correspondiente al Día de Muertos, la cual inicia el 28 de octubre y concluye el 2 de noviembre. El día 28 se recibe a las almas que provienen del limbo, muertos por accidente y aquellos que murieron con menos de un año de vida. Para el día 31 se inicia la preparación de lo que se llevará a Janitzio.

Durante el día primero se honran a los niños muertos y el día dos se reciben a los adultos. Desde las doce de la noche del día primero las familias comienzan a colocar servilletas bellamente decoradas sobre las tumbas y sobre estas alimentos que en vida los fallecidos prefirieron. Complementan las ofrendas veladoras, bebidas, dulces y flores.

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